Antes de contratar, no te quedes solo con la rentabilidad anunciada. La decisión debe partir de cómo funciona el producto, qué riesgos asume y qué lugar ocupa dentro de tu sistema financiero.
1. ¿Entiendo cómo funciona?
Debes poder explicar en lenguaje sencillo en qué invierte, cómo puede ganar o perder valor y qué condiciones activan sus costes o restricciones. Si no lo entiendes, todavía no tienes información suficiente.
2. ¿Qué riesgo, plazo y liquidez tiene?
Comprueba qué puede ocurrir si necesitas salir antes, si el mercado cae o si cambia el emisor. Liquidez no significa ausencia de pérdidas: significa poder convertir la inversión en dinero bajo unas condiciones concretas.
3. ¿Cuáles son todos los costes?
Busca comisiones de entrada, salida, gestión, custodia, intermediación, cambio de divisa y otros gastos. Los costes reducen el resultado y deben compararse con alternativas equivalentes.
4. Lee el DFI o KID
En fondos, la CNMV indica que el Documento de Datos Fundamentales para el Inversor debe consultarse antes de suscribir o reembolsar. Incluye política de inversión, indicador de riesgo, costes, liquidez y otra información relevante. El nivel de riesgo más bajo no significa ausencia de riesgo.
5. Comprueba la entidad y la información posterior
Verifica quién fabrica, custodia y comercializa el producto y si está autorizado para el servicio ofrecido. Asegúrate de que recibirás informes, posiciones, costes y documentación fiscal de forma accesible.
6. Pregunta qué ocurre si cambias de opinión
Conoce plazos, penalizaciones, ventanas de salida y consecuencias fiscales. Una decisión correcta también contempla escenarios incómodos.
Una recomendación no sustituye la documentación oficial. La checklist sirve para formular mejores preguntas y detectar lo que todavía no comprendes.